Después de algún tiempo sin escribir, preparando un documento sobre Arteterapia que no consigo terminar, os dejo este artículo que habla sobre las actividades extraescolares y da algunos consejos.
Actividades
extraescolares en su justa medida
Para las actividades extraescolares debemos tener en
consideración una serie de factores:
1.
La actividad debe potenciar cualidades
personales del niño o de la niña y servirle de complemento a alguna carencia.
2.
Tiene que gustarle al niño y no a los padres.
Estos sólo deben plantearle buenas alternativas para que él elija, pero siempre
pensando en términos esfuerzo-beneficio. El descanso para ellos es tan
necesario como para los adultos.
3.
Practicar alguna afición con los hijos: si el
niño acompaña a los padres en la práctica deportiva (no como espectador) desde
corta edad, es seguro que se iniciará con ganas en dicha actividad.
4.
En cualquier aprendizaje nuevo hay que
insistir. No se aprende a tocar un instrumento o a dominar un deporte de la
noche a la mañana. Es necesario incentivar la responsabilidad y la
perseverancia: lo que se empieza, se termina.
Y si el aburrimiento fuera
bueno
“Tuvimos
la suerte de vivir aquellos veranos de tres meses de los de antes en los que
había lugar para todo, incluso para largas horas de aburrimiento. Gracias a
ellos descubrí el placer de la lectura y hasta dónde podía llegar nuestra
capacidad creativa”. Y es que el adagio “la ociosidad es la madre de todos los
vicios” está obsoleto: hoy son la indolencia y la inactividad lo que se conocen
como virtudes, como señalan psicólogos, pediatras y psiquiatras. El
aburrimiento es una experiencia formadora necesaria en la vida de un niño.
Tienen que tener tiempo libre para descubrir el mundo por ellos mismos. Jugando
aprenden a resolver problemas, a aceptar la frustración, a esperar. Es un
tiempo en el que éste puede hacer frente a sus emociones, desarrollar su
imaginación, afianzar sus gustos. El niño despliega un mundo interior rico que
si consigue mantenerlo hasta la edad adulta le evitará convertirse en una
persona hiperactiva que huye del vacío. Es importante no proponer una solución
inmediata al “me aburro” que suelen decir los niños, como solemos hacer
habitualmente los padres; de esta forma, les dejaremos que muestren iniciativa,
inventiva e independencia a la hora de elegir sus ocupaciones.
